Si uso gamificación en la formación, ¿tengo que obligar a los empleados a jugar?

Esta es una de las grandes preguntas de los responsables de formación y de talento de todas las empresas. Si uso gamificación en la formación, ¿tengo que obligar a los empleados a jugar? La respuesta es un poco más compleja de lo que puede parecer, y te puede sorprender. Vamos a hablar más en profundidad sobre la gamificación y la obligación del usuario.

¡Si he montado una herramienta de formación con gamificación es para que la usen! ¡Así que todos a jugar de forma obligatoria!

No, no podemos abordar este asunto de esta manera. No podemos sacar un látigo y obligar a la gente a divertirse. No es así como funciona la gamificación.

De hecho, una de mis definiciones de juego favoritas es la de Jane McGonigal. Esta reputada autora define un juego como una acción que comparte cuatro características:

  • Existe un objetivo claro (básicamente, lo que debemos hacer para ganar, y en lo que centraremos todas nuestras acciones y esfuerzos)
  • Existen unas normas (generalmente restricciones que hacen que el juego sea más difícil pero más interesante y atractivo. Las normas es lo que permite desarrollar estrategias de forma creativa.)
  • Un sistema de feedback (que nos informa de nuestro progreso hacia el objetivo)
  • Y, por último, participación voluntaria. La participación voluntaria aumenta el compromiso a la hora de aceptar como válidos el objetivo, las normas y el sistema de feedback. Es decir, que en el momento en el que alguien está obligado a jugar, deja de ser un juego. En el momento en el que existe obligación, la experiencia deja de ser agradable y deseada por el jugador.

Y puede que estéis pensando en que esto suena muy bien cuando hablamos del Parchís o del Monopoly. ¡Pero aquí estamos hablando de TRABAJO! ¡TRABAJO con mayúsculas! En el mundo laboral existen responsabilidades y obligaciones, y en el momento en el que introducimos una herramienta gamificada de formación tenemos, esta pasa a formar parte de esas obligaciones y responsabilidades. Y esto es cierto a medias.

Cuando hablamos de gamificación en la formación, tendemos a mezclar dos aspectos porque están integrados en la misma plataforma: la herramienta de formación como tal, y los juegos que la complementan. Una será obligatoria. La otra no. Vamos a verlo mejor en la siguiente sección con un ejemplo.

Learning Park. La herramienta de formación online con gamificación

Learning Park es una herramienta que permite subir cursos a la nube para que los empleados puedan completarlos estén donde estén, y desde cualquier dispositivo. Además incluye minijuegos formativos para reforzar la retención del conocimiento y la transferencia al puesto de trabajo.

Por un lado, Learning Park es una plataforma para realizar cursos. Y si los cursos son obligatorios pues son obligatorios y punto. Y son igual de obligatorios se impartan en un aula, en una herramienta sin ningún elemento de gamificación, o con una herramienta de formación con gamificación, como es el caso de Learning Park.

gamificación formación empresa

Lo que ofrecemos de forma opcional son los juegos posteriores. ¿Creamos una liga en formato trivial a ver quién recuerda más cosas del curso? Esto es lo que mantenemos de forma opcional. Y como decía Jane McGonigal, al mantener el juego voluntario vamos a aumentar el compromiso del usuario, vamos a obtener mejores resultados que si los obligamos a jugar, porque son los propios usuarios los que asumen el compromiso al ver la actividad como deseable. Y aquí está el truco, en hacer que la actividad sea deseable. Y cuando hablamos de actividades deseables en gamificación no se trata únicamente de hacer que visualmente sean bonitas y similares a un juego. De hecho, podemos hacer trucos para hacer que todavía sea más atractiva y deseable esta parte opcional de la gamificación en la formación: la gamificación invisible. 

¿Qué es la gamificación invisible en la formación?

¿Sabes porqué Instagram es tan adictivo? ¿O Facebook? El software B2C (Business to Consumer) ha tenido que enfrentarse a situaciones que el software B2B (Business to Business, es decir, el que usamos en nuestros trabajos) no ha tenido que enfrentarse: ¿Cómo hago que los usuarios quieran usar mis herramientas cuando no es obligatorio utilizarlas? Porque claro, como el software empresarial no se ha visto en esa situación (nuestra organización nos obliga a usarlo) no han tenido que reinventarse para ser atractivos y estimulantes. 

Instagram, Facebook, Tinder… tienen mecanismos de gamificación, aunque no las veas. Aunque no parezca un juego, si hacemos un análisis Octalysis podemos ver que tienen mecanismos de gamificación sin parecer juegos. La sensación de sorpresa (que habrá publicado este usuario), de acumular puntos (o followers o likes), la sensación de posesión (cuantas fotos tengo), etc.

Si usamos mecanismos de gamificación dentro de la formación obligatoria, y esos mecanismos están sutílmente escondidos, esta gamificación está siendo “obligatoria” también aun sin darnos cuenta, e incluso estamos empujando y motivando a los usuarios a pasar a la formación opcional. Estamos motivando a los usuarios a adquirir un compromiso con ellos mismos respecto a su formación. 

Volvamos a Learning Park, la herramienta de formación con gamificación de la que hemos hablado antes. En esta herramienta, las barras de progreso tradicionales tienen un toque narrativo. Avanzar en los cursos hace crecer una ciudad virtual. Y cuanto mejor nota saques, más bonita luce la ciudad.

gamificación formación empresa

El curso es obligatorio, como lo sea sin la ciudad virtual. Pero el hecho de que algo obligatorio afecte a este elemento de juego ya hace que el juego empiece incluso sin tu consentimiento. ¿Luego puedes dejar ese “juego” o esa ciudad abandonada a su suerte? Sí, puedes hacerlo. ¿Pero lo hacen? No. Porque una vez ya participan de la narrativa, al menos le dan un intento a los juegos opcionales. ¡Por qué aquí está el truco! Hay partes de esa ciudad virtual que solo crecen cuando participas en los juegos opcionales. Y por esa razón al menos le dan una oportunidad a la parte opcional. 

Si no hubiéramos introducido a los usuarios en el juego de forma indirecta, posiblemente al terminar el curso lo hubiera abandonado. Pero son ellos mismos los que acceden por voluntad propia para mejorar su ciudad virtual. 

Conclusión: No lo obligues a jugar, pero que nadie escape de sus obligaciones al añadir un juego.

A modo de conclusión, tenemos que comunicar estos mensajes bien claros y hacia los dos lados: Tenemos que comunicarle muy bien a dirección que aunque se trate de una herramienta de formación no tiene porqué convertir en obligatorio un juego. También debemos comunicarle muy bien a los empleados que aunque se trate de una herramienta de gamificación, de repente no convierte en opcionales algunas de sus responsabilidades habituales, como la formación. 

Y esto es aplicable a cualquier tipo de actividades dentro de la empresa, ya sea gamificación en la evaluación de desempeño, o gamificación en el onboarding de los nuevos empleados. 

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